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Felipe Matto - Cómo llegar a un acuerdo PDF Imprimir Correo electrónico

Toda persona alguna vez ha tenido o tiene discusiones. El desafío es evitar que la discusión pase a mayores. A continuación, Felipe Matto nos da consejos para evitar que las discusiones dejen heridas irreparables.

Por ejemplo: las famosas discusiones de  la pareja, cuando un jefe intenta llamar la atención a un empleado, enfrentar un altercado de opiniones con un compañero que hirió nuestros sentimientos, poner fin a una relación afectiva. Estas son situaciones indeseables que nos gustaría evitar, pero tarde o temprano debemos enfrentar.

Por lo general, estas cuestiones no son difíciles en sí, más bien somos nosotros, nuestra forma de pensar en ellas y el temor a las consecuencias lo que hacen que sean incómodas.

Estas conversaciones son una combinación de tres charlas en una

1)  En una conversación de los “YO DIJE Y VOS DIJISTE” la discusión se concentra sobre lo que se dijo y lo que no se dijo, seguida de una serie de racionalizaciones sobre lo que en verdad quisimos decir.

Acompaña un consejo de acusaciones sobre lo que nuestro “contrincante” interpretó que en realidad dijimos.
Esta conversación suele ir subiendo de tono semejante a una bola de nieve que se va haciendo más grande, y por supuesto, más destructiva.

Todo depende de cómo interpretamos o lo que queremos que el otro interprete lo hablado.

2) En la conversación de los SENTIMIENTOS, cada una de las partes comienza una pulseada sobre quién resultó más herido en sus sentimientos. Se recriminan y sacan a colación hechos pasados, lo que genera que la conversación suba de tono, a tal punto que se hieran aún más los sentimientos ya heridos.
Otra versión de la conversación de los sentimientos un tanto más sutil y destructiva es cuando se combinan el sarcasmo y la ironía.

3) La conversación de la “IDENTIDAD” se infiltran y se confunden el comportamiento con la identidad de la persona.

Frases como: “sos inútil”, acompañadas del famoso: “vos siempre, o vos nunca”, etc., suelen atentar contra la identidad de la persona, se hiere el ser de la persona. Por lo que la otra persona intentará defenderse, contraatacando también a la identidad del primero.

Muchos de estos ataques a la identidad pueden ser originados por lo que nosotros pensamos o interpretamos de lo que se dijo. Esas inferencias llevan a más y más malos entendidos, volvemos a empezar con el “QUIÉN DIJO QUÉ” y así sucesivamente.

Tres conversaciones en una, tres posturas en una

Este tipo de discusiones son el producto de nuestros propios modelos mentales, modelos que se apartan de la realidad objetiva, pero que a su vez forman nuestra propia realidad y que por eso defendemos con uñas y dientes.

1) La primera medida que debemos tomar, es poner en dudas o desafiar nuestros modelos mentales y tratar de ajustarnos lo más posible a la verdadera realidad.

2) LA EMPATIA es la capacidad de ponerse en el lugar del otro e intentar ver las cosas de la manera como él la ve, las oye o las siente, teniendo en cuenta sus circunstancias. Por lo general, este ejercicio de ponerse en los zapatos del otro, suele darnos otra óptica de la misma situación. Esta posición, nos lleva a ser un poco más objetivos.

3) Necesitamos disociarnos de la situación, no estar en la propia postura ni en la del otro.

Debemos situarnos en una “tercera posición” tratar de actuar como espectadores de la discusión, de esta manera analizaremos de forma más realista la conversación y notar cómo las mismas palabras dichas en diferentes formas y momentos, pudieran afectar a la otra persona.
 Cuando nos disociamos mentalmente quitamos presión sobre los sentimientos, y es posible que ya no nos afecte tanto lo que se dijo o no se dijo, y por ende estaremos en mejor situación para desenvolvernos con éxito.

4) La conversación sobre la “identidad”. Para resolver esta cuestión, debemos evitar el verbo “ser” en las calificaciones negativas, por ejemplo, en vez de decir “sos un imprudente”, será, “te comportaste o actuaste de forma  imprudente”. Esto es su comportamiento, esto le quita fuerza a la frase, y lo ubica en el nivel del comportamiento, haciéndola más objetiva. De esta manera, se evita lanzar una granada contra la identidad, que no es otra cosa que un atentado a la autoestima.

A veces, uno lo quiere postergar o evitar temporalmente este tipo de conversaciones por el dolor de cabeza que generan, pero hacer eso sería como quitarle el seguro a la granada y guardarla en el bolsillo, ya que más tarde o más temprano va a estallar.

Sin embargo, enfrentar la situación aplicando los principios antes mencionados, nos lleva a enfrentar la próxima conversación evitando que las consecuencias sean irreparables a nivel emocional y a nivel relación.

Felipe Matto
Escritor, motivador, orador
felipematto@gmail.com

 

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