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Proponen dar PELUCAS a pacientes con pérdida de cabello por tratamientos oncológicos PDF Imprimir Correo electrónico


En un proyecto presentado por  la diputada Silvia Majdalani se incluye en el PMO la cobertura de apliques capilares o pelucas para pacientes que pierdan el pelo como consecuencia de tratamientos oncológicos.

“En el momento en que recibís un diagnostico oncológico,  se te apaga la luz por unos segundos”, dice Silvia Majdalani, diputada nacional por el PRO, cuando rememora su experiencia personal en su lucha contra el cáncer. “Después reaccionás y le ofreces pelea”, remata levantando las manos en guardia de box.

 Silvia tiene presente lo importante que fue durante su combate contra esta enfermedad ,  mantener – en lo posible- su vida de siempre, la rutina, las reuniones con amigos. “Sólo dejé de trabajar diez días… me hacía bien seguir con mi vida. Me parecía que era la manera de no permitirle al monstruo que se agrande.”, explica. 
 
Con el objetivo de que todas las personas en tratamiento oncológico puedan reducir lo más posible los cambios en su calidad de vida y en su apariencia, la diputada presentó un proyecto de Ley para que el sistema de salud tanto público como privado incorpore al Programa Médico Obligatorio (PMO) la cobertura de un aplique capilar a los pacientes que sufran alopecia - pérdida patológica del pelo-, como consecuencia de dichos tratamientos.
 
El cáncer es una enfermedad que afecta varios aspectos de nuestra vida. Impacta tanto en el ámbito familiar, laboral y social, como también en uno mismo. Los cambios en el aspecto físico, asociados a la patología, repercuten en la autoestima de los pacientes e influyen en su predisposición a la hora de someterse a los tratamientos. La psicooncóloga Lic. Laura Bianchi explica que “más allá de la amenaza de vida que implica un diagnóstico de cáncer, los posibles tratamientos provocan en sí mismos reacciones emocionales tales como sentimientos de pérdida, disminución de la autoestima y depresión. Además pueden generar cambios en la apariencia de los pacientes. Por ejemplo, una de las consecuencias más duras de la quimioterapia es, sin duda, la pérdida del cabello, ya que el paciente - sea  hombre, mujer o niño -, no sólo padece la enfermedad sino que también pierde su identidad: no se reconoce frente al espejo y nota un cambio en la mirada de sus seres queridos.”

El tratamiento que provoca, en la gran mayoría de los casos, la pérdida temporal del cabello, es la quimioterapia, dado que al atacar las células cancerosas, afecta al resto de las células del cuerpo, incluidos los folículos capilares. Este tratamiento es uno de los más frecuentes, ya que puede emplearse para diversos objetivos, tales como curar el cáncer, reducir el tamaño del tumor previo a una cirugía o prevenir la reincidencia de la patología, entre otros.

La diputada Majdalani parece haberse apoyado en una situación similar a la que relata la psicooncóloga, para la elaboración del proyecto de Ley: “Hace un tiempo, se acercó una mujer a hablar conmigo en el Congreso. Ella había tenido cáncer y esa experiencia la motivó a ayudar a otros que lo padecen… En la charla surgieron varios pedidos, y entre las situaciones que mencionó estaba el tema de la cobertura de las pelucas”,  comenta y agrega: “me pareció muy importante facilitar el acceso a los apliques capilares y, a partir de ahí, comenzó la elaboración del proyecto.”

¿Cómo afecta la pérdida del cabello a los pacientes oncológicos?

Las alteraciones en la zona facial como resultado del tratamiento oncológico, afectan directamente a la propia identidad personal: el rostro es el principal actor a la hora de comunicarnos con otras personas y expresar nuestras emociones. Como manifiesta la Dra. Diana Montoya, miembro de la Sociedad Argentina de Mastología: “La pérdida del cabello es el signo visible y más emblemático de las personas que atraviesan un cáncer, las expone de forma continua a la opinión y a los sentimientos de sus familiares, amigos, y entorno. De alguna manera, las “desnuda” con su cáncer ante el resto del mundo.

La alopecia constituye otra fuente de estrés a la que deben hacer frente los pacientes, y que se suma a los padecimientos físicos y la carga emocional que implica atravesar por esta enfermedad. “Una de las primeras preguntas que nos hacen las mujeres en el consultorio es si van a perder el pelo, teniendo aún más relevancia que cualquier otro procedimiento necesario, ya sea la cirugía o la necesidad de radioterapia. En algunos casos, a pesar de saber que la quimioterapia puede ayudarlas en la lucha contra la enfermedad, las pacientes se niegan a realizar este tratamiento sólo por el efecto que les implica la pérdida del cabello”, manifiesta Montoya. 

Hombres y mujeres reaccionan de modos distintos ante la posibilidad de perder el pelo. Bianchi revela que “para las mujeres la caída del cabello supone una confrontación con la naturaleza letal del cáncer, mientras que los hombres lo asocian a una consecuencia normal e inevitable del tratamiento”. En este sentido, la mastóloga Diana Montoya, en tanto especialista en cáncer de mama – enfermedad que afecta a 1 de cada 8 mujeres y sólo a un 1% de hombres-, reconoce que “las pacientes sienten mucho temor y están muy angustiadas ante la posibilidad de perder el cabello. De hecho, cuando esto sucede, tiene un fuerte impacto negativo en todo el tratamiento, lo cual es realmente preocupante, teniendo en cuenta que cerca del 80% de los casos requieren quimioterapia que provoca alopecia”. 

“Perder el cabello es un golpe muy fuerte. Para poder combatir la enfermedad, necesitamos sacar fuerzas aún cuando no tenemos energía para nada, y verse lo mejor posible es muy importante para mantenerse animado”, continúa Silvia Majdalani en respaldo de su proyecto. 
 
Las profesionales consultadas coinciden en que la buena predisposición y la serenidad son pilares fundamentales antes, durante y después de un tratamiento oncológico. Bianchi sostiene que “el reto de los especialistas no es sólo salvar o prolongar la vida de los pacientes, sino también repensar de qué forma se logra este propósito. Este cambio de paradigma ha dado lugar a que las consideraciones sobre la calidad de vida ofrecida al paciente ocupen el primer lugar de los objetivos terapéuticos, y en este sentido, ningún grupo de factores es tan importante al considerar la calidad de vida como los emocionales.”
 
El proyecto de Ley elaborado por Silvia Majdalani apunta a reducir los efectos negativos asociados a estos cambios físicos, facilitando el acceso al aplique capilar que, como lo expresa la diputada, “en realidad es mucho más que una peluca, es una manera de hacer frente a la enfermedad, de no permitirle adueñarse de nuestra imagen.”
Mantener la imagen les permite a los pacientes afrontar el tratamiento con mayor entereza, ya que una apariencia física cuidada se suele traducir en un buen estado de ánimo. “Que el espejo refleje una imagen más agradable, que no veamos sólo dolor y malestar, sino que en algún punto podamos seguir reconociéndonos en ese reflejo, es como una promesa de que podemos volver a sentirnos bien… Da fuerza para querer sanar, aún cuando por momentos resulte tan difícil”, concluye Majdalani.
 

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